La quiniela

Éste, como todos los lunes, tiene un valor cabalístico para mí: hoy toca meter mi quiniela de futbol, espero que con mejores resultados. Quiero retirarme a hacer lo que más me gusta: nada. Éste es un sueño (Chava Flores dixit) que he acariciado, en forma compartida con otro millones de mexicanos, durante más de dos años. ¿Qué induce a alguien a confiar de tal manera en la fortuna? Las probabilidades -lo sé- son ínfimas, pero no puedo abstraerme cada semana, después del rito dogmático que implica ir a la agencia, de empezar  disponer del dinero que éta vez, seguramente, será para mí. En un trato que tengo con Dios, tan pronto sea yo el agraciado, donaré una parte a instituciones altruistas; aún no decidimos el porcentaje, pero estoy seguro que él confía en mi bonhomía.

De todas las formas posibles que tiene el azar, ésta es la única que verdaderamente me seduce, seguramente por la combinación de pasión que siento por el futbol y el rasgo de honestidad que -ilusamente- le concedo a este deporte; la verdad la lotería, el Melate y todas las variantes del ráscale me producen escepticismo.

Si alguno de ustedes tiene la mínima curiosidad de preguntarse qué haría yo con mi parte, les comento que tengo varias pasiones, todas ellas contemplativas: ver futbol, escuchar música, leer y, tal vez, viajar; además, por supuesto, de liquidar mis deudas. Cuestiones como deportes extremos , autos lujosos y grandes recidencias no me mueven en absoluto.

Sé que a partir de que la ansiada fortuna me alcance, corro el riesgo de que se multiplique mi círculo de amistades y, aun, de familiares (de por sí extenso, pero ya tengo dispuesta táctica para ello: no lo sabrán, seré sumamente cauto y austero).

Por lo pronto y en silencio, seguiré agregando en mi lista títulos de compactos ylibros para, llegado el momento, estar preparado y tener tiempo libre.

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